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LO QUE LOS ANIMALES APRENDEN DE NOSOTROS

🐾 Los animales también aprenden de nosotros

A veces escuchamos decir que los animales son un reflejo de sus dueños.

Y quizá no sean un reflejo exacto, porque cada animal tiene su propio carácter, su temperamento, su genética y sus necesidades.

Pero hay algo que sí resulta difícil de negar: los animales aprenden de aquello que viven.

Aprenden de nosotros, de nuestro comportamiento, de nuestras rutinas y de la manera en que les enseñamos a relacionarse con su entorno.

Un perro aprende qué significa salir al mundo.

Un gato aprende qué espacios son seguros.

Un conejo aprende qué personas y situaciones puede asociar con tranquilidad.

Y cada especie, a su manera, va construyendo su propia experiencia a partir del ambiente en el que vive.

No todos necesitan lo mismo.

No podemos pretender que un conejo viva como un perro, ni que un gato tenga las mismas necesidades que cualquier otro animal. Respetar a un animal también significa entender su naturaleza.

Pero, independientemente de la especie, hay algo que comparten: su entorno deja huella.

Aprenden de lo que les ofrecemos y también de lo que les negamos.

Aprenden de nuestras reacciones ante lo desconocido:

De nuestras rutinas.
De nuestros miedos.
De nuestra tranquilidad.
De la confianza que les transmitimos.
De las experiencias que les permitimos conocer.

Y muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta.

Un animal que crece en un ambiente tranquilo puede aprender que la calma es segura.

Uno al que se le ofrecen experiencias nuevas de una manera respetuosa puede aprender que lo desconocido no tiene por qué ser una amenaza.

Y uno cuyo mundo permanece muy limitado puede terminar teniendo más dificultades para enfrentarse a aquello que queda fuera de ese pequeño universo conocido.

Esto no significa que podamos explicar toda la personalidad de un animal por la forma en que lo ha criado su cuidador.

No somos dueños absolutos de su carácter: Hay genética, temperamento, experiencias previas y muchas circunstancias que también influyen.

Pero sí tenemos una enorme responsabilidad.

Porque cuando un animal entra en nuestra vida, no solamente le damos un lugar donde vivir.

También contribuimos a construir el mundo que conocerá.

Y quizá por eso merece la pena preguntarnos:

¿Le estoy enseñando confianza o miedo?
¿Le estoy ofreciendo posibilidades o limitaciones?
¿Estoy respetando quién es o intentando convertirlo en aquello que yo quiero que sea?

Cuidar a un animal no consiste únicamente en alimentarlo, protegerlo y darle cariño.

También consiste en comprenderlo, respetarlo y ayudarle a desarrollar la mejor relación posible con el mundo que le rodea, dentro de las necesidades propias de su especie.

Porque ellos aprenden de nosotros muchísimo más de lo que imaginamos.

Y, al mismo tiempo, nosotros aprendemos de ellos.

Nos enseñan paciencia.

Nos enseñan amor incondicional.

Nos enseñan presencia.

Nos enseñan a observar sin palabras.

Nos enseñan a respetar ritmos diferentes al nuestro.

Y nos recuerdan que cada ser vivo necesita sentirse seguro para poder desarrollarse.

Quizá por eso convivir con un animal sea también una pequeña lección de vida:

Lo que sembramos en su mundo puede formar parte de la manera en que ellos aprenden a vivirlo. 🐾❤️

LORENA ♡☆♡