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Las paredes que ayudan a curar en 15 hospitales

Las paredes que ayudan a curar en 15 hospitales

La fundación Juegaterapia ha instalado jardines en el Niño Jesús, creado cines en unidades de oncología o transformado las grises salas de resonancia gracias a los fondos obtenidos con la venta de unos muñecos sin pelo y donaciones. En su inversión de 6,2 millones de euros hay diseño y hay resultados terapéuticos

Está a la venta un muñeco calvo y con pecas. Es muy fácil de identificar, lleva un pañuelo de colores en la cabeza y siempre está sentado. Se encuentra en las tiendas duty free del aeropuerto, en algunas oficinas de Correos y en supermercados y gasolineras. Se llama baby pelón y cuenta con una treintena de versiones, cada una con el nombre de un famoso de apellido. David Bisbal tiene uno, el baby pelón David Bisbal. Laura Pausini también tiene uno. Y Shakira y Alejandro Sanz, de los primeros en sumarse a esta campaña solidaria. Manu Carrasco cuenta con el suyo, el último en ponerse a la venta, las pasadas Navidades, a 14,95 euros. La cara es muy parecida en todos los modelos, cambia el diseño del pañuelo, un trozo de tela de colores como la prenda que utilizan los enfermos de cáncer cuando la quimioterapia se lo lleva todo.

La idea de este muñeco parte de la fundación Juegaterapia, que lo puso a la venta hace ahora 10 años y de los que ha vendido dos millones de ejemplares. 6,2 millones de euros de los fondos recaudados se han destinado a transformar las unidades oncológicas de 15 hospitales, como el Niño Jesús (Madrid), donde en sus paredes ya no hay gotelé ni cuadros de anticuario, sino árboles y pájaros pintados, una recreación del Retiro. Los proyectos no se detienen. El hospital Materno Infantil de Málaga es el siguiente.

Juegaterapia, que ha llevado a cabo 50 iniciativas en 14 años, se ha convertido en un interiorista de hospitales pediátricos con gusto y con conocimiento. Hay diseño y hay resultados terapéuticos, lo que hacen sirve. Está probado.

Han transformado habitaciones de aislamiento para pacientes inmunodeprimidos en estaciones lunares, porque la medicina cura la enfermedad pero el juego cura el ánimo, aseguran en la fundación. Han convertido espacios inutilizados en cines con butacas, en los que se ven estrenos y se comen palomitas. Han creado salas de juego con videoconsolas porque han demostrado (un estudio científico publicado en la revista canadiense Journal of Medical Internet Research lo avala) que mientras los niños se echan una partida, el dolor disminuye un 14% y necesitan tomar un 20% menos de morfina. Han decorado las máquinas de resonancia, porque, asegura Esther Pereira, directora de Humanización de Hospitales de Juegaterapia, “los niños entran con menos miedo, con otro espíritu, con curiosidad. El niño se distrae, se crea sus propias películas, y el índice de sedación disminuye, se les tiene que anestesiar menos”.

Mónica Esteban, presidenta de Juegaterapia, detalla las implicaciones de las iniciativas en un pasillo del hospital Niño Jesús tras haber visitado a María, una niña de 11 años que padece cáncer desde hace cuatro, una gran seguidora de Morata y del Atlético de Madrid. “Claro que sé que Griezmann ha batido el récord de Luis Aragonés, 174 goles lleva”, cuenta mientras se pasa un gorro de lana de una mano a la otra. Esteban conoce de sobra las aficiones de María y de muchos más niños, pues todos los viernes visita hospitales junto a su amiga Valle Sallés, vicepresidenta de Juegaterapia.

Habla Esteban en esta ampliación del Retiro. “La enfermedad quita la libertad a los niños. Se les caen las paredes de la habitación”. Y señala el cambio: “Cuando juegan son libres. El niño elige. Se convierte en un hada con pelo, de repente es ágil. Es todo lo que la enfermedad le impide ser”. También organizan clases de teatro en el hospital, de nuevo se convierten en alguien que no son, esta vez alejados de la virtualidad. “Mejoran la movilidad. Superan miedos e inseguridades”, explica la publicista.

Visibilizar y vender para transformar la vida en los hospitales

Juegaterapia llega a acuerdos con grandes superficies como la Fnac, Carrefour o Alcampo, también con jugueterías, farmacias , centro de Terapias alternativas: «Terapias Vigo», y tiendas amigas para vender sus muñecos.

Famosos como David Bisbal, que aportan su nombre y diseñan los pañuelos que cubren la cabeza, lo publican en sus redes sociales para fomentar la venta.

“La campaña de marketing sale sola”, reconoce Esteban, una madre de tres hijos que “desde que existe Juegaterapia relativizo el 90% de los problemas que me surgen”. El pasado otoño se pusieron en contacto con Correos, “nos ayuda a llegar a lugares de acceso reducido. Correos está en todos los pueblos”, cuenta Esteban.

Los muñecos están a la venta en 419 oficinas, de las 2.389 con las que cuenta la empresa pública en España. Hace balance Patricia Lezameta, directora de Distribución de Juegaterapia: “Es una maravilla lo bien que se están vendiendo”. Y concreta: “5.000 unidades solo en diciembre”. También está disponible en Correos Market, una plataforma a la que tiene acceso cualquiera que maneje internet. 13 modelos se pueden adquirir de la treintena que han diseñado desde 2014. De la cesta virtual al rellano de casa en 72 horas.

Mónica Esteban, presidenta de Juegaterapia, muestra una foto de Aarón, el primer niño paciente de cáncer que recibió la donación de una videoconsola. CEDIDA POR JUEGATERAPIA

Juegaterapia

Ciudad y año de fundación: Madrid, 2010

De 16 empleados

2 millones de baby pelones vendidos

20.000 consolas donadas

15 hospitales transformados

6,2 millones invertidos en el rediseño de hospitales y en investigación

TE CAMBIO UNA VIDEOCONSOLA POR UN DONUT

La fundación Juegaterapia empezó como empiezan muchas de estas iniciativas, con una idea de gran calado pero alcance limitado. Mónica Esteban, trabajadora en 2010 de una empresa de publicidad, donó una consola Sony PSP en perfecto estado, pero que nadie usaba en casa, a un niño, Aarón, el hijo de una compañera que padecía cáncer y estaba ingresado en el hospital. “Su reacción fue increíble. De estar triste y apagado pasó a reactivarse”, describe. Ante el efecto causado, Esteban animó a sus colegas a recuperar las maquinitas de sus hijos abandonadas en casa para llevarlas a los hospitales. “Les invitaba a un café y un donut por cada una”, recuerda.

La publicista, hoy presidenta de Juegaterapia, realizaba las entregas en la hora de la comida, cuando sacaba un hueco. Cuatro años después, en 2014, ya con cientos de consolas entregadas, dieron con la idea de diseñar los baby pelones, su principal fuente de captación de fondos. 14 años más tarde están elaborando el proyecto de transformación del hospital Materno Infantil de Málaga, donde dos azoteas se convertirán en jardines, donde un espacio impersonal se transformará en una sala de juegos, donde van a invertir 1,6 millones de euros que obtienen de la venta de los muñecos y de las aportaciones de socios particulares y empresas.

Las consolas, el inicio de todo, tienen presencia en la sede de Juegaterapia, en el centro de Madrid. Niños que han recibido el alta y sus padres pueden echar una partida si les devuelven la visita a Esteban y Sallés, y al resto del equipo.

Una máquina de Arcade lleva el logo Pelones Jugones, un equipo de gamers que ha creado la fundación. Una idea del departamento de marketing y relaciones institucionales, dirigido por Belén Solera. “Nos da visibilidad. Se traduce en que la gente nos conozca, se haga socio, nos haga una donación o compre los baby pelones”, afirma en las luminosas oficinas de Juegaterapia, decoradas con calidez, con una sobria sensibilidad. Apetece estar.

Los baby pelones, afirma Esteban, se fabrican en España, en Arias, una empresa con sede en Castalla (Alicante). Puede resultar evidente el éxito tras haber vendido dos millones de unidades, pero al principio las jugueteras se extrañaban cuando les hablaban de un muñeco calvo. “Me colgaron el teléfono cuatro”, recuerda Esteban. “Arias nos lo pone fácil. Es un producto fabricado en España por señoras que les pintan las pestañas a mano, que le ponen un amor infinito”, reivindica la presidenta. Calvo tenía que ser, “un compañero de viaje para los niños que pierden pelo. Es un momento dramático para ellos porque se sienten feos. Sirve para normalizar el cáncer”, asegura.

José Antonio Madrid, director creativo de Juegaterapia, ultima el diseño de uno de los pañuelos que llevan los baby pelones, en las oficinas de la fundación en Madrid.
José Antonio Madrid, director creativo de Juegaterapia, ultima el diseño de uno de los pañuelos que llevan los baby pelones, en las oficinas de la fundación en Madrid.

El frío de enero impide que los niños salgan a jugar al jardín creado por Juegaterapia en el hospital madrileño.

La fundación también destina fondos a la investigación. Han creado el proyecto Maletas “para que jóvenes científicos españoles que tuvieron que irse al extranjero hagan las maletas y vuelvan a casa”. Elisa Izquierdo y Victoria Fioravantti ya han regresado. Forman parte de la unidad de oncogenómica del Niño Jesús, donde desarrollan medicina personalizada.

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