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EL DUELO POR LOS INCENDIOS

Hay un tipo de duelo del que casi nunca se habla y es el de los incendios.

Porque un incendio nunca se lleva una sola cosa, se lleva hogares, se lleva recuerdos, proyectos de vida, la vida de miles de animales, montes, bosques y campos que tardaron décadas e incluso siglos en crecer.

Con todo ello también se tambalea algunas de las raíces invisibles que sostienen nuestra forma de habitar el mundo, el hogar, la memoria…

Porque muchos de nuestros recuerdos tienen un paisaje de fondo.

La identidad porque los lugares que habitamos también nos construyen, la seguridad, la belleza y por encima de todo el vínculo, el vinculo que nos recuerda que no vivimos separados de la naturaleza sino que formamos parte de ella y quizá por eso este dolor es muy profundo y tan complicado porque no solo estamos viendo desaparecer bosques o montes sino que estamos viendo romperse una red de vida de la que también formamos parte.

Entonces como en cualquier duelo es normal que aparezca la tristeza, la rabia, la impotencia y esa sensación de que cualquier gesto parece demasiado pequeño frente a algo tan inmenso pero reconocer ese dolor no es una muestra de debilidad sino que es una muestra del vinculo.

Porque solo puede dolernos aquello de lo que de alguna manera nos sentimos partes y quizás esa sea una de las funciones mas importantes de este tipo de duelo, recordarnos que todavía hay mucho que podemos proteger y cuidar.

Porsupuesto que no hay palabras de consuelo que puedan devolver un hogar, ni la naturaleza que el fuego se ha podido llevar por delante, pero quiza ponerle nombre a ese dolor puede ayudarnos a no atravesarlo en silencio , comprender que esa tristeza, rabia o esa impotencia no son una exageración sino que son la expresión de un vínculo que aún sigue vivo.

Y ojalá que cuando el fuego se apague y las noticias no continúen nosotros no nos olvidemos porque la recuperación no termina cuando desaparecen las llamas sino que empieza ahí, ahí es cuando realmente empieza o antes, empieza acompañando a las personas y comunidades afectadas.

Empieza protegiendo la naturaleza que aun permanece, empieza restaurando poquito a poco aquello que pueda volver a florecer y también eligiendo que este dolor no se convierta en más odio, ni en más ruido, ni en una batalla para ver quien tiene razón, sino que ojalá se puede transformar en cuidado, en comunidad , en personas capaces de unirse por encima de sus diferencias ideológicas para proteger aquello que hace posible la vida de todos.

Los incendios dejan una misma herida automáticamente y completamente para todos, una herida que atraviesa los campos, los bosques, los animales, y las personas.

Quizá la mejor forma de honrar todo lo que se ha perdido sea por eso mismo recordar que cuidar la vida siempre será una tarea compartida de todos.

LORENA ♡☆♡