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Como dejar de pensar tanto en todo…

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Aprende a dejar de pensar tanto en lo que te preocupa

Dejar de pensar es algo muy difícil para la mayoría de la gente.

Parece ser que una vez alcanzada la madurez, pasados los 30 años, hemos enseñado a nuestro cerebro a pensar y no puede dejar de pensar y pensar en todo el día, tanto que muchas veces no conseguimos quitarnos los pensamientos de la cabeza.

Pensar constantemente es especialmente duro cuando queremos relajarnos, descansar o simplemente dormir.

O muchas veces también cuando nos ha sucedido algo realmente horrible y esos pensamientos no nos dejan hacer nada mas, ni trabajar, ni estudiar ni a veces hasta hablar. Es como tener a alguien incordiando las 24 horas del día sin dejar de hablar, encerrada dentro de tu cabeza.

Te vamos a enseñar trucos para dejar de pensar, que funcionan en base a nuestra experiencia. Te van a permitir cuando desees, desconectar tu mente o como mínimo, pensar en otras cosas que te hagan sentir mejor.

Partimos de la premisa que las tácticas más fáciles como empezar a correr, ir a caminar para dejar de pensar o mirar la televisión no te han funcionado, y por eso estás leyendo esto. No te preocupes, es posible mantener tus pensamientos quietos, si yo pude, tu también podrás.

Métodos para dejar de pensar, cómo sentirse bien con uno mismo y hacer callar tu cerebro:

Juega con tu mente un rato sobre este concepto: ¿Cómo sería tu vida si te importase más sentirte bien tu mismo que intentar de tener siempre la razón, querer estar siempre en lo cierto, querer tener la ultima palabra en todo y ser visto de la manera que tu quieres?

Puede que sea complicado de explicar, pero el ser humano, y sobretodo aquel que se preocupa demasiado, está obsesionado en el deseo de querer tener la razón, y que lo que uno cree es lo que es justo y bueno, y lo que cree otro es malo. Esta necesidad está en el corazón del echo de sentirse mal y del pensamiento acelerado que tenemos en casi todas las situaciones.

Repítete a ti mismo, como un mantra del budismo, “Quiero sentirme bien, quiero sentirme bien, quiero sentirme bien…” una y otra vez. Céntrate en el sentido de la palabra, elimina los otros ruidos externos y internos y la mente hará el resto.

Puedes probar de imaginar algún momento en el que te has sentido realmente bien mientras recitas la frase en tu mente. O puedes dejar todo lo demás y centrarte solo en las palabras.

Muchos de nosotros tenemos una mente muy rápida que nos permite recitar este mantra y tener diálogos con nosotros mismos y preparar la cena, conducir o mirar un programa de la tele al mismo tiempo.

Aquí es donde entra en juego el enfoque, centrarse. Centrarse en sentirse bien. Centrarse en recitar esta frase y realmente querer y desear sentirse bien.

Tu realmente quieres sentirte bien. Funciona para mi siempre, siempre que me concentro lo suficiente y siempre cuando realmente el deseo de sentirme bien es lo mas importante para mi. Entonces, me siento bien y encuentro que eso que me preocupaba ha desaparecido.

¿Piensas demasiado? ¿Crees que le das demasiadas vueltas a las cosas?


¿Te quedas enganchada después de una discusión sobre lo que dijiste mal o lo que podías haber dicho? ¿Te cuesta dormirte por las noches temiéndote lo peor tras un pequeño fallo en el trabajo o después de pasar por un control médico rutinario?


No eres la única y, de hecho, cada vez es más creciente el número de mujeres (y de hombres también) que piensan demasiado, impidiéndose a sí mismas el desarrollo de una vida satisfactoria.

En esta entrada te mostraremos cómo liberarte de ese exceso de pensamiento nocivo y te plantearemos estrategias para recuperar el control de tu vida.

El pensamiento excesivo nos agota:


Pensar está muy bien. Vivir una vida racional y positiva es lo mejor que nos puede ocurrir. Pero cuando nuestra mente se queda dándole vueltas a nuestros pensamientos inútilmente produciendo sentimientos negativos, se da lugar al «efecto levadura» (barrenar, cismar etc) y es realmente muy estresante.

Se trata de un pensamiento excesivo que tiene lugar a partir de una pequeña idea o problema, que pasa a generar más y más preguntas, nuevas relaciones de ideas (todas con el mismo denominador común, problemático y lleno de temores), generando otros pensamientos negativos que se expanden, crecen y acaban por apoderarse de todo el espacio de nuestras mentes.

El resultado es agotador. Lejos de encontrar repuestas o soluciones válidas acabamos en un callejón sin salida presas de sentimientos de victimismo («no podré salir de ésta», «soy tan incapaz como siempre lo he sido»), ansiedad («esto se acaba») y depresión («mi vida no vale nada»).

Pensamos demasiado cuando nos dejamos atrapar por torrentes de pensamientos y sentimientos negativos que nos abruman y que interrumpen nuestro funcionamiento diario y nuestro bienestar.

1. ¿Por qué es malo pensar demasiado?

Cuando el pensamiento es constructivo y creativo, y aporta soluciones, nunca es demasiado, ya que se detiene al final del proceso y se relaja inmerso en una sensación satisfactoria de «misión cumplida»

El pensamiento excesivo, por el contrario, resulta nocivo porque afecta a nuestra capacidad para obtener respuestas y soluciones a nuestros problemas, produce desmotivación y genera nuevos problemas, nos bloquea en una posición repetitiva que acaba alejando a nuestras amistades y familiares (que aun apoyándonos en un principio acaban siendo presas del mismo agotamiento impotente) y, finalmente, puede arruinar nuestra salud física y emocional.

El pensamiento excesivo puede llegar a arruinar relaciones.

La mujer tiene el doble de probabilidades que el hombre de caer en una depresión profunda o de sufrir ansiedad, y parece que una de las razones de que esto sea así es precisamente nuestra tendencia a pensar demasiado».

Efectos negativos del pensamiento excesivo

Te hace la vida más difícil. Las tensiones a las que te enfrentas te parecen mayores; resulta más difícil encontrar soluciones adecuadas y es más probable que tus reacciones sean más vehementes y de efectos contraproducentes.

Perjudica tus relaciones. Puedes molestar a otras personas con tus reacciones desproporcionadas, pero además, incluso tus mejores amigas pueden acabar aburridas por la repetición incansable del mismo problema e impotentes ante tu falta de receptividad y actitud para solucionar decididamente el problema.

Puede llegar a provocar trastornos físicos y mentales serios, como gastritis, dolores de cabeza, hipertensión, o bien depresión y ansiedad, así como el abuso de drogas como el alcohol, café o tabaco.

¿Eres de las que piensan demasiado? Test para evaluar si piensas demasiado:

Cuando estás disgustada, triste, deprimida o nerviosa, ¿cómo sueles reaccionar?

Responde a las siguientes preguntas con las respuestas: «nunca», «casi nunca», «de vez en cuando», «a menudo», «casi siempre» o «siempre».

Presta atención a tus respuestas para que éstas definan honestamente lo que sueles hacer en esas situaciones de tristeza o disgusto, no lo que crees que deberías hacer:

Pienso en lo sola que me siento.

Pienso en que me siento cansada y dolorida.

Pienso en lo mucho que me cuesta concentrarme.

Pienso en que me encuentro sin energía y desmotivada.

Me culpabilizo o me doy pena porque no puedo ponerme en marcha y hacer algo positivo.

Le doy vueltas y más vueltas a una situación reciente con el deseo de que hubiera ido mejor.

Pienso en lo triste y angustiada que me siento.

Pienso en todos mis defectos, fracasos, culpas y errores.

Me siento impotente y culpable por no hacer nada.

Pienso: soy un fracaso, ¿por qué no sé llevar mejor mi vida?

Si has respondido «nunca» o «casi nunca» a todas ellas, o bien «de vez en cuando» solo a unas pocas: ¡Felicidades! Has desarrollado estrategias excelentes en tu propia lucha contra el pensamiento excesivo.

Si has respondido «a menudo», «casi siempre» o «siempre» a varias de las preguntas, puede que seas propensa a preocuparte por tus sentimientos y por tu vida en lugar de lidiar de un modo eficaz con tu vida mental y emocional.

¿Por qué le damos más vueltas a las cosas las mujeres?

Si bien es cierto que las mujeres sufrimos más las consecuencias del pensamiento excesivo (depresiones, ansiedad, preocupación excesiva), de momento, no hay pruebas de que la causa resida en algún rasgo biológico como las hormonas femeninas o la organización de nuestro cerebro.

Hoy por hoy, las investigaciones apuntan a causas de tipo social, cultural y psicológico.

La realidad es que las mujeres piensan más porque tienen más cosas en que pensar.

Las cargas demoledoras que acompañan al exceso de responsabilidades familiares, sociales, profesionales y personales, así como (paradójicamente) el menor poder social, político y económico hace que se establezcan tensiones crónicas que perpetúan un hábito de pensamiento y resolución de conflictos constante.

Las mujeres tienen más relaciones sociales y se implican más personalmente.

Esto hace que estén permanentemente preocupadas (por sus parejas, sus hijos, sus padres, sus amigas) y angustiadas por las consecuencias que puede tener en sus relaciones el más insignificante de los cambios.

Lo peor es que tienden a basar su autoestima y su bienestar en cómo funcionan sus relaciones y en lo que las demás personas piensen de ellas, haciendo que, a veces, y con la intención de contentar a otros, opten por hacer lo que no desean y tomar decisiones equivocadas en sus vidas.


El apoyo moral que buscan las mujeres en otras mujeres puede crear círculos viciosos de pensamiento excesivo y victimismo.

El sentido de lealtad y empatía puede hacer que muchas mujeres se dejen arrastrar por el pensamiento excesivo-corrosivo de la amiga que necesita ser escuchada, evitando cuestionar su pensamiento y poner freno a su distorsión exagerada de las cosas por temor a que no se sienta comprendida o, más aún, a que se sienta traicionada.

El pensamiento excesivo crea estados de ánimo negativos que pueden teñir la calidad de tus pensamientos hasta tal punto que acabas teniendo una visión distorsionada de los hechos.

Lo peor de todo es que puedes tomar decisiones equivocadas basándote en esos pensamientos negativos.

Atención:

Cuando te veas presa del pensamiento excesivo, no tomes decisiones.
Déjalas para más tarde, cuando te sientas más relajada y con un pensamiento más global y positivo.

2. Pienso demasiado. ¿Cómo puedo liberarme de este hábito?

El primer paso hacia la liberación consiste en romper las ataduras: observar nuestros pensamientos y saber detectarlos cuando están empezando a rumiar demasiado y demasiadas cosas, de una manera inútil y cansina; nos desidentificamos con esos pensamientos, los definimos como algo malo para nosotras y decidimos pararlos para evitar que nos hundan.

El segundo paso consiste en arrastrarnos fuera del fango y situarnos en una distancia que nos permita ver las cosas una mayor claridad y perspectiva para poder tomar las decisiones adecuadas.

El tercer paso requiere atención y acción para evitar caer en las trampas que nuestro hábito de pensamiento excesivo nos guarda para el futuro -ya sea a los pocos minutos, con el regreso al mismo problema, o bien en cuanto surja el próximo conflicto.

Romper ataduras con el pensamiento excesivo.

Este primer paso consiste en concentrar todos nuestros esfuerzos en evitar los pensamientos contraproducentes, por muy arraigados que estén.

Comprender que el pensamiento excesivo es tu enemigo.
Aunque en medio de tu secuestro mental y emocional te parezca percibir una cierta lucidez («ahora me doy cuenta de que nunca me ha querido», «debo ser realista: nunca he realizado bien mi trabajo»), lo cierto es que en realidad se está reduciendo notablemente tu visión de modo que sólo eres capaz de ver las cosas negativas de tu vida.

El pensamiento excesivo, repetitivo y absorbente no te proporciona visiones profundas, sino que en realidad te hace perder el control de tus pensamientos y sentimientos. Te miente y te seduce para que pienses y hagas cosas que no te benefician.

Tómate un respiro. ¿Te has encontrado de repente atrapada en ese pensamiento traicionero? Date un respiro, literal y metafóricamente.

 

Respira profundamente : primer paso para la desconexión y dedícate a otra cosa. Puedes distraerte haciendo cualquier cosa que te resulte agradable: dar un paseo, cocinar, salir a hacer la compra, leer un libro, jugar con tus hijos… Ayudar a otras personas resulta una distracción excelente que, además, da solidez a tus valores y sentido de utilidad a tu vida.


Muévete. La actividad física tiene ciertos efectos bioquímicos -como la segregación en el cerebro de sustancias químicas como la norepinefrina y la serotonina que repercuten positivamente en el estado de ánimo y el modo de pensar.

Atención y firmeza. Presta atención y proponte parar el pensamiento de una manera contundente y asertiva. A veces te asalta el «mono loco» del pensamiento cuando estás en una situación de la que no puedes marcharte o distraerte.

En cuanto detectes ese tipo de pensamiento circular y corrosivo muestra tu autoridad de una manera contundente, como lo harías con un niño pequeño que se está poniendo en peligro: «¡Basta ya!», «¡Para!» o cualquier otra expresión que surta efecto contigo misma.

Tómatelo en serio. No dejes que tus pensamientos te venzan. Recuerda que no eres tus pensamientos, y que tú llevas la vara de mando de tu vida. Tú puedes.

Anótalo en tu agenda. Cuando observes que tu pensamiento es circular, inútil y agotador, o simplemente que no es el momento para dedicarte a ello, haz un sitio en tu agenda para tratarlo en el momento oportuno, en las condiciones adecuadas.

No se trata de ignorar o evadir problemas, sino de afrontarlos de una manera eficaz y en las mejores circunstancias.

Delega tus preocupaciones. Si no depende de ti, hazte un lado y deja los problemas en manos de quien dependa. Si depende de ti, ciertas actitudes espirituales como la esperanza o la confianza, y prácticas como la meditación pueden ayudarte a distanciarte de tus obsesiones.

Apóyate en otras personas. Hablar con amigas o personas de confianza puede ayudarte a organizar tus pensamientos y desenmascarar los temores infundados.

Escribe un diario. Anotar tus pensamientos te ayuda no sólo a organizarlos, sino a comprender más tarde tus errores de planteamiento, tus tendencias nocivas y tus miedos.

Descubre lo que te gusta y úsalo para cargarte de energía y alimentar tu autoestima. Busca actividades que te proporcionen emociones positivas: ve a darte un masaje o al gimnasio, escucha tu música preferida, ve al cine, sal a cenar con tu pareja o amigas.

Distráete y dale la espalda al pensamiento obsesivo

Qué hacer:

Sal a pasear, haz ejercicio físico, lee un libro, escucha la música que te guste, ve al cine, dedícate a cualquiera de tus aficiones (como pintar, tocar el piano, hacer manualidades), pon orden en la casa, juega con tus hijos, ayúdales a hacer los deberes, sal de compras, haz trabajos voluntarios o ayuda a otras personas…

Qué no hacer:

En ningún caso recurras a la comida: no te des atracones o te pongas frente al televisor a comer helado o comida basura.

La sensación de pérdida de control que te obsesiona se haría mucho más fuerte todavía, además de los efectos contraproducentes para tu salud.

No recurras al café como estimulante, porque hará aún más hiperactivo tu pensamiento loco.

No bebas alcohol para anestesiar el dolor. El alcohol actúa en el sistema nervioso central como un depresivo. Necesitas energía positiva, no más pérdida de control.

Más difícil todavía: parar el pensamiento en medio de la noche.

¡Atención! Si en mitad de la noche empiezas a cavilar durante más de quince minutos, no caigas en la trampa de pensar que dándole vueltas a los problemas los resolverás o los entenderás mejor, ni te convenzas a ti misma de que en un par de minutos conseguirás dormirte. Pensar en mitad de la noche casi siempre va acompañado de angustia y miedo.

Por otra parte, si pierdes horas de sueño al día siguiente estarás cansada y con menos capacidad para concentrarte y afrontar las situaciones más conflictivas.

Levántate, ve a algún lugar tranquilo y haz algo que te distraiga. Cuando empieces a tener sueño, vuelve a la cama.

Te llevará menos tiempo y resultará más reparador que la ansiedad producida por el insomnio del pensamiento excesivo.


Recuperar la perspectiva.

Una vez frenado el hábito del pensamiento obsesivo, aún hay que resolver el problema. Es preciso colocarse en una posición mental que permita tener una cierta perspectiva del problema, para afrontarlo de manera eficaz.

Enfoca bien.

 

Evita que tus miedos distorsionen tu visión. Interpreta las cosas de la manera más realista posible.

Reconoce tus emociones y sigue adelante. Acepta tu depresión, tristeza u otras emociones negativas, pero no dejes que saboteen tus planes. Sigue adelante con tu vida.

Simplifica. No siempre las causa de tus problemas son profundas y complicadas. Puedes estar de mal humor simplemente porque has dormido mal, estás cansada o incubas un catarro.

Deja de compararte con otras personas. En circunstancias diferentes las cosas son diferentes.

No esperes a que te rescaten. Toma las riendas de tu vida y cambia las cosas por ti misma.

Deja que fluyan las soluciones. Haz un repaso a todas las alternativas y elige las más adecuadas para ti.

Apunta más alto. Define lo que quieres y ve a por ello, a veces cuesta el mismo esfuerzo dirigirse a otros objetivos que consideramos «intermedios».

Basta con que hagas algo. Cuando tu objetivo requiere tiempo y paciencia, además de mucha energía con la que no cuentas, basta con realizar una acción modesta que te dé confianza y te cargue las pilas.

Inténtalo. Aun no estando muy segura de que funcione, prueba esa solución que tienes al alcance de las manos. Nunca se sabe y no pierdes nada con intentarlo.

Rebaja tus expectativas cuando las cosas no dependen de ti.

No sirve de nada sufrir por que las cosas no son como te gustaría que fueran. Son como son. Comprende que las demás personas también tienen sus problemas y limitaciones, como tú.

Hallarás más paz si no acumulas resentimientos y odios. A veces te hacen daño actitudes de otras personas que, simplemente, no han sabido hacerlo de otra manera.

Que no guíe tu vida las expectativas de otras personas. Identifica cuándo tu pensamiento obsesivo responde a la voz de otras personas, a las que les has dado poder para controlar tu vida. Y quítales ese poder.

Cómo evitar volver a caer en la trampa.

Enhorabuena. Por esta vez has conseguido silenciar la voz interior de la duda y la preocupación y has podido resolver el problema satisfactoriamente. Pero un día, sucede algo (un conflicto con una amiga, una crítica en el trabajo) y es como un resorte que te devuelve a las arenas movedizas del pensamiento excesivo. ¿Cómo controlarlo?

Elimina los objetivos que te perjudican. Puedes renunciar a perder 20 kilos matándote de hambre y aspirar a adelgazar la mitad con un régimen sensato.

Trátate con cariño. Puedes tomarte tu tiempo para ir al gimnasio, meditar o tomarte un té en medio de la mudanza, aunque alguien te critique por no «estar disponible» o «ser egoísta».

Crea una nueva imagen de ti misma. Aprende a observar lo mejor de ti misma, descubre tus potencialidades y confía en ti.

3. Los pensamientos repetitivos más frecuentes.


Si bien es cierto que cada persona tiene sus propios temas obsesivos, hay cuestiones que preocupan a todo el mundo y que ofrecen mucha leña para el fuego del pensamiento obsesivo.

Cuestiones de pareja: No todas las relaciones deben ni pueden salvarse, pero es importante evitar viejos hábitos obsesivos y sobreprotectores, establecer distancia para ver la situación de la forma más realista posible (si es necesario, con la ayuda de terapia) e intentar negociar para evitar en lo posible las situaciones más conflictivas.

Problemas de familia: Es importante comprender y aceptar que tus familiares no ven el mundo exactamente igual que tú. Haz lo posible por evitar las polémicas repetitivas que no conducen a ninguna parte ni convencen a nadie.

Preocupaciones con los hijos: Aun la madre menos sobreprotectora suele hacerse cargo de la mayor parte de la responsabilidad de criar y educar a sus hijos. Aunque desees que les vaya bien en la escuela, no se metan en problemas, estén sanos y se lleven bien con los demás niños y niñas, no siempre va a ser así. La superación de sus problemas les hará más fuertes así que da la bienvenida a los conflictos que tengan que superar. Desdramatizar tus preocupaciones no sólo te ayudará a ti sino que les ofrecerá un espejo valiosísimo para que ellos mismos eviten futuros pensamientos obsesivos.

Trabajo: Sacar adelante la casa o cómo promocionarse profesionalmente son fuente continua de pensamientos obsesivos. Frenar las tendencias perfeccionistas o los impulsos victimistas nos ayuda a afrontar los conflictos de una forma más eficaz. Criticar o echar la culpa de lo que no funciona a otras personas es una engañosa manera de proteger la autoestima.

En cualquier caso, no olvides tus objetivos reales: el trabajo. Cuando te toque sentir el dolor (frustración, rabia, celos o tristeza porque las cosas no son como desearías), limítate a sentirlo mientras te concentras en el trabajo que es importante hacer en ese momento. Acabará pasando y tú lo habrás superado y olvidado mientras haces algo útil y productivo.

La salud: Las personas hipocondríacas tienen muchos más riesgos de enfermar que las que simplemente se cuidan. Obsesionarse con posibles enfermedades sólo consigue bloquear el funcionamiento natural del cuerpo y producir disfunciones reales. Utiliza técnicas de relajación y, en caso de que consideres seriamente tener alguna enfermedad, hazte un chequeo y aclara tus dudas.

Una vez tranquilizada, actúa en positivo: una actitud positiva y feliz es la mejor manera de proteger tu salud, además de una alimentación adecuada y ejercicio físico.


Mas consejos de cómo dejar de pensar tanto:

«Pensar antes de hablar» es un dicho que deberíamos practicar siempre, pero te puedes meter en problemas si evitas actuar debido a que piensas demasiado, o si entras en un estado de angustia incontrolable por el mismo motivo. ¿Quieres aprender a dejar de pensar tanto?…

1. Libera tus pensamiento:

Acepta que estás pensando demasiado. Pensar al igual que comer, es algo que necesitamos para vivir, es por esto que en ocasiones es difícil reconocer cuando nos estamos excediendo. Sin embargo, hay varios signos de alerta que te pueden indicar si estás pensando demasiado. Algunos de estos signos son

¿Te consume el mismo pensamiento una y otra vez? ¿No realizas ningún progreso al pensar en esta cosa en particular? Si es así, éste podría ser un signo de que debes dejar de pensar tanto y seguir adelante

¿Has analizado la misma situación desde muchos de ángulos? Si observas algo desde muchos puntos de vista antes de actuar, se puede convertir en una conducta contraproducente.

¿Buscas la opinión de muchas personas sobre cierto tema en particular? Si es así, entonces es hora de que te des cuentas de que todas esas opiniones sobre el mismo tema sólo te pueden volver loco.

2. Medita:


Si sientes que no eres capaz de dejar de pensar, tienes que aprender a «dejar ir» tus pensamientos de forma deliberada.

Pensar es algo parecido a respirar; lo haces todo el tiempo, incluso de forma inconsciente. Pero puedes aguantar la respiración, si quieres hacerlo. Meditar te ayudará a dejar ir tus pensamientos.

Sacar 15 o 20 minutos en la mañana para meditar, puede tener un impacto significativo en tu habilidad para mantenerte en el presente y dejar ir todos los pensamientos obsesivos.


También puedes meditar de noche para tener un sueño más tranquilo.

3. Haz ejercicio:

Correr o incluso caminar rápidamente, te puede ayudar a despejar tu mente de todo pensamiento para que te concentres en tu cuerpo. Participar de actividades físicas como el yoga, las artes marciales, o el voleibol, te obligará a concentrarte tanto en tu cuerpo que ni siquiera tendrás tiempo para pensar.

Aquí tienes una lista con varias actividades que puedes practicar:

Realiza una rutina en el gimnasio. Tener que cambiar de máquina cada minuto (cuando termines el ejercicio), evitará que te pierdas en tus pensamientos.

Ve de excursión. Estar rodeado por la naturaleza viendo la belleza y la quietud a tu alrededor te ayudará a concentrar en vivir el presente.

Ve a nadar. Nadar es una actividad física tan exigente que no deja espacio para que divagues en tus ideas. 

4. Di tus ideas en voz alta:

Una vez hayas dicho todo en voz alta (incluso a ti mismo), empieza el proceso para dejar ir los pensamientos. Camina un poco y reflexiona sobre el tema.

Cuando expresas tus ideas, empieza el proceso para llevarlas al mundo real y sacarlas de tu pensamiento.


Puedes decir tus ideas en voz alta a ti mismo, a tu mascota, o a un amigo de confianza.

5. Pide consejo:

Puede que hayas agotado tu capacidad de raciocinio, pero otra persona te puede ofrecer una perspectiva diferente que haga la decisión más fácil.

Esto te puede ayudar para que dejes de pensar tanto en el problema.

Tu amigo te puede hacer sentir mejor, te puede ayudar con tus problemas, y también te puede dar a conocer cuando estás gastando mucho tiempo en pensar algo.

Además, para divertirte con un amigo no tienes que pensar demasiado, ¿verdad? Es un comienzo.


6. Toma el control de tus pensamientos:


Haz una lista con las cosas que te preocupan. Ya sea que hagas la lista en papel o en ordenador, primero debes definir el problema, escribir que opciones tienes, y por última listar los pros y los contras de cada opción.

Ver tus pensamientos de forma física también te ayudará a romper el ciclo de repetirlos en tu cabeza. Cuando no puedas pensar en nada más que escribir, es porque tu mente ha dado lo máximo, y es hora de dejar de pensar.


Si hacer una lista no te ayuda a tomar una decisión, no tengas miedo de
seguir tu intuición. Si dos o más opciones parecen igual de buenas, pensar mucho no hará las cosas más fáciles. En este tipo de casos, es cuando debes escuchar a tu intuición.


7. Lleva un diario y escribe en él las cosas que te preocupan:

En lugar de estancarte pensando en la misma cosa de forma persistente, escribe en tu diario todo lo que piensas en el día. Al final de la primera semana, repasa lo que has escrito y haz una entrada de las cosas que más te preocupan. Primero debes lidiar con dichas cosas.

Escribe en tu diario al menos un par de veces por semana:

Esto te ayudará a acostumbrarte a la idea de «tiempo para pensar» y te ayudará a aterrizar tus pensamientos, en lugar de que te creen conflictos a lo largo del día.

8. Haz una lista con las cosas que tienes que hacer:

Haz una lista con todas las cosas que tienes que hacer durante el día.
A menos que «pensar» esté en tu lista de prioridades, hacer una lista te permite ver que tienes cosas más importantes que hacer que ¡quedarte sentando preguntandote sobre el significado del universo!

La forma más rápida de organizar tus pensamientos es convertirlos en acciones. Si piensas que no has dormido muy bien últimamente, haz un plan para poder dormir un poco pronto en lugar de ¡preocuparte por no poder dormir! 


La lista puede ser práctica y puedes incluir temas importantes, como por ejemplo: «pasar más tiempo con mi familia».

9. Fija un «tiempo para pensar» todos los días:

Puede sonar un poco loco, pero dedicar todos los días un momento para que te preocupes, dudes, sueñes, y te pierdas en tus pensamientos, te puede ayudar a controlar tu mente de una forma más productiva.

Si lo necesitas, toma todos los días una hora para pensar. Luego, disminuye el tiempo a media hora. Si algo te molesta durante el día y es inconveniente enfrentarlo en ese momento, simplemente di a ti mismo «me preocupare por eso cuando sea mi hora de pensar».

Puede sonar algo ridículo, pero tienes que probarlo antes de juzgar. 



10. Vive el momento:

Resuelve todos los problemas que puedas.

Si tu problema es que piensas demasiado en nada, te preocupas sin motivo alguno, o piensas en cosas que no puedes controlar, entonces no hay mucho que puedas hacer para «resolver» ese tipo de problemas que contagian tu pensamiento.

Pero, piensa en los problemas que puedes resolver y haz un plan para resolverlos, en lugar de pensar, pensar, y pensar sin hacer nada.

Aquí tienes un par de ideas que puedes utilizar:


En lugar de pensar en si le gustas o no a una chica, ¡actúa! Invítala a salir. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Si te preocupa que te estés quedando en la escuela o en el trabajo, haz una lista de todas las cosas que tienes que hacer para tener éxito. ¡Y luego haz dichas cosas!

Si te gusta pensar mucho en «qué pasaría si…», haz las cosas más factibles de la lista.

11. Sé sociable:

Rodearte de las personas que amas te ayudará a hablar más y pensar menos. Asegúrate de salir de casa al menos un par de veces a la semana, y pon de tu parte para desarrollar relaciones significativas y duraderas con al menos dos o tres personas cercanas, con las que puedas salir. Estarás mucho más propenso a pensar en exceso si pasas mucho tiempo solo.


El tiempo a solas definitivamente es bueno, pero es importante mezclar tu rutina con tiempo para salir con tus amigos, relajarte, y divertirte.

12. Práctica un nuevo hobby:

Saca tiempo para explorar algo completamente nuevo y fuera de tu zona de confort. Un nuevo hobby (independientemente de cuál sea) te mantendrá concentrado en la tarea que tienes que realizar y también en conseguir resultados.

No pienses que ya sabes bien qué es lo que te gusta y que no necesitas más distracciones.

Probar un nuevo hobby te puede ayudar a vivir el momento y concentrarte en tu expresión artística, en tus habilidades manuales, etc.

13. Baila:

Existen muchas formas de baile, puedes hacerlo solo en tu habitación, en un club con tus amigos, o incluso tomando clases de baile como el tap, el jazz, el vals, o la salsa. Independientemente de la forma de baile que practiques, podrás mover tu cuerpo, escuchar la letra, y vivir el momento. No importa si no bailas muy bien.

De hecho, de esa forma tendrás que concentrarte más en tus movimientos y menos en tus pensamientos conflictivos.

Tomar clases de baile es una buena forma de empezar un nuevo hobby y bailar.

14. Explora la naturaleza:

Sal y mira los árboles, percibe el aroma de las rosas, y siente el agua fresca sobre tu rostro. Eso te ayuda a vivir el momento, te conecta con la naturaleza y la no permanencia de nuestra existencia, para que así puedas ver el mundo que existe fuera del que creaste en tu cabeza. Ponte tenis, bloqueador solar, y sal de tu habitación.

Incluso si no te gusta mucho salir de excursión, trotar, montar bicicleta, o practicar surf, ponte de meta recorrer el parque al menos una o dos veces a la semana, salir de viaje con tus amigos a un lugar natural tus próximas vacaciones, o simplemente ir a algún lugar donde puedas observar las montañas rodeadas por un hermoso lago cristalino.

Pero si esto te parece demasiado, simplemente sal de tu casa. Salir y recibir un poco de sol te hará sentir más feliz, más saludable, y con menos ganas de pensar.

15. Lee:

Concentrarte en los pensamientos de otras personas no sólo te otorga una mejor visión de las cosas, también te ayuda para que dejes de pensar tanto en ti. De hecho, leer biografías inspiradas en hombres y mujeres «de acción» te puede mostrar que detrás de cada gran pensamiento, hay una idea del mismo valor. Leer libros también te permite adentrarte en nuevos mundos de fantasía, lo que también es bueno.

16. Haz una lista de agradecimiento:

Haz todos los días una lista con al menos cinco cosas por las que te sientas agradecido. Esto te servirá para que te concentres en cosas y personas en lugar de pensamientos. Si hacer una lista todos los días te parece demasiado, haz una lista cada semana. Haz algo diferente. Cada detalle cuenta, incluso que la mesera llene gratis tu taza de café.

17. Escucha música:

Escuchar una hermosa canción te puede poner en contacto con el mundo fuera de tu mente. Puedes hacerlo asistiendo a un concierto, poniendo música en tu auto, o incluso sacando tu viejo tocadiscos y escuchando un par de discos de vinilo. Cierra tus ojos, sumérgete en la melodía, y vive el ahora.

No tiene que ser Mozart o algo con un profundo significado. ¡Escuchar música pop también puede servir!

18. Ríete más:

Rodéate de personas que te hagan reír. Ve a ver una obra de teatro, una comedia o un programa de televisión con un elenco divertido que te haga reír. Mira videos graciosos en YouTube. Haz lo que sea que tengas que hacer para reír un poco y no preocuparte por las cosas que rondan tu cabeza. No subestimes la importancia de la risa en una buena salud mental.

Consejos finales:

Ten en cuenta que no eres el único, todo el mundo piensa (en ocasiones de forma obsesiva). ¿Por qué crees que dormimos? ¡Para poder descansar de todo esa carga de ideas!

No te sumerjas en el pasado, especialmente si es negativo o abrumador.
Debes saber que sumergirte en situaciones que te saquen del presente puede ser peligroso y puede dejarte más confundido.

Utiliza tus pensamientos sólo con buenas intenciones; así te convertirás en mejor persona.

No te auto desapruebes a medida que piensas. Hacerlo aumenta la ansiedad y el círculo vicioso de pensamientos. Siéntete cómodo con las situaciones y respuestas aunque no sean las que quieres.

Acepta la decepción y déjala ir. Repite «ya termino y aunque no conseguir lo que quiero. Sobreviviré». Utilizar la palabra «sobreviviré» lo hacer parecer como un asunto de vida o muerte. La mayoría de veces simplemente te reirás porque te darás cuenta de la trivialidad de los hechos y de la presión innecesaria que pones sobre tus hombros.

Juega con tu mascota. Es una gran forma de salir de tu mente. Tu mascota te hará reír mostrándote que son las cosas pequeñas las que importan.
Cuando te sientas abrumado por tus pensamientos, toma un momento para relajarte y analizar la situación.

Sé neutral, y utiliza tu cerebro para comunicar la información de forma efectiva.

El procesador neurológico de los pensamientos y acciones funciona de forma efectiva cuando los cambios hormonales y niveles de adrenalina son mínimos.

Toma un buen baño de burbujas con velas y simplemente relájate, ¡ayuda mucho!