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Abrazar un árbol

Nuestros antepasados buscaban un árbol para abrazarse a su tronco, cuando se sentían angustiados o cargados de problemas. Por el tronco fluye la savia que da energía directamente de la tierra.

En las técnicas orientales, hay una postura que se llama “abrazar el árbol”. Esta posición estática alinea todos los huesos del modo más eficaz posible. 

Para los occidentales puede parecer algo ridículo, sin embargo, cada vez más naturópatas lo recomendamos. Es una forma gratuita de sentirse en comunión con la naturaleza.

Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque, podemos llegar a sentir la energía que desprenden.

Los celtas creían que cada árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas moviéndose con el viento.

Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos, fortalecernos, cargarnos de energía vital y son portadores de los mensajes de la madre Tierra.

Existen cada vez más personas que han comprobado los beneficios de abrazar los árboles. Al revés que con las personas que al abrazarlas podemos notar pérdidas de energía debido a factores emocionales, con un árbol siempre notaremos que nos carga, nunca que nos descarga.

No olvidemos que todo ser vivo es energía, y al igual que nosotros, los árboles tienen la suya propia, muchas veces entramos en sintonía y sentimos como fluye expresando nuestra sensación de bienestar, tranquilidad, serenidad, etc.

¿Como captar la energía de los árboles?

La energía que emanan los árboles, al igual que la nuestra, es invisible al ojo físico, es lo que llamamos el aura, muy perceptible sensitivamente.

El árbol al igual que las personas está emitiendo vibraciones energéticas constantemente y son perfectamente asimilables por el ser humano, se pueden absorber y podemos beneficiarnos de sus efectos.

Hay formas fundamentales de captar la energía de los árboles:

A través de la energía del árbol: Su extensión es más o menos grande según las características de cada árbol y su situación ambiental. Bastará penetrar en su radio de acción.

Este tipo de energía se absorbe con el simple hecho de pasear por un bosque, conscientemente podemos aumentar su captación regulando nuestra respiración a un ritmo tranquilo y algo profundo.

En la práctica, esto lo podemos hacer:

Camina entre los árboles y escoge alguno que te llame la atención.

Acércate a él, obsérvalo y capta su energía, no trates de analizarlo mentalmente o de establecer un vínculo emocional. Sólo nota su tono vibratorio.

Tócalo al mismo tiempo que cierras los ojos, con tu mano izquierda. Háblale y pidele permiso para absorber parte de su energía. Reconoce su fuerza y su influencia en el entorno.

Observa si es un árbol solitario o un pastor de árboles que tiene influencia sobre el colectivo. Capta si su energía es curativa, o si es protectora y amorosa, o si es sabia, o si es imponente en todo ese territorio o de cualquier otro tipo.

Acepta esa energía sin más y pregúntate si deseas recargarte a ti mismo con esa fuerza. Establece contacto con la energía del árbol mediante tu corazón energético. Vacía tu ruido interno, fluye en el amor y escucha al árbol. Capta su espíritu. Preséntate con tu nombre y entra en un espacio donde la comunicación es energética y no sonora.

Puedes pedir consejo sobre cualquier situación que necesites, cargarte de energía, relajarte o aceptar su sabiduría. Escucha la en tu corazón, da las gracias, levántate y despídete poniendo tu mano derecha sobre su tronco.

→En contacto directo con el árbol: Utilizando las manos: A través de ellas podemos realizar una captación más consciente, son una zona muy sensible a la emisión y captación vibratoria ya que en la palma existen varios puntos de entrada y salida de energía. La posición más conveniente es la de seguir las grietas o fisuras de la corteza en el sentido que las presenta el árbol.

→Utilizando la espalda: La parte central de la espalda, recorriendo la columna vertebral, se encuentra el canal energético principal del cuerpo. Apoyando esta zona en el tronco del árbol o sus raíces absorberemos la energía que emana. Descansar un rato nuestra espalda contra el árbol o sus raíces, para que la renovación de energía afecte también a la espina dorsal y a nuestro sistema nervioso central.

Tanto las flores como los árboles tienen una radiación energética compatible con la de las personas. Esto quiere decir que podemos usar esa energía que las plantas nos brindan para energizar nuestro propio sistema energético.

Nuestros antepasados buscaban un árbol para abrazarse a su tronco, cuando se sentían angustiados o cargados de problemas. Por el tronco fluye la savia que da energía directamente de la tierra.

El árbol siente el sol, siente la noche, siente la lluvia, siente el viento, siente el calor y el frío, y siente a los pájaros que se cobijan bajo sus ramas. ¿Cómo no nos va a sentir a nosotros? El árbol se encuentra emitiendo energía permanentemente, de la cual podemos beneficiarnos.

La ciencia prueba que abrazar árboles es bueno para tu salud:

En el libro de Matthew Silverstone, “Blinded by Science”, se señala que algunos de los beneficios que otorgan los árboles son sus efectos sobre las enfermedades mentales, el Trastorno de Hiperactividad por Déficit Atencional (ADHD en inglés), los niveles de concentración, el tiempo de reacción, la depresión e incluso su capacidad de aliviar los dolores de cabeza.

De acuerdo a diversos estudios citados en el libro, los niños muestran efectos fisiológicos y sicológicos extremos en términos de “mejora de la salud” y “bienestar” cuando interactúan con las plantas. Se registró que los niños funcionan mejor cognitiva y emocionalmente en entornos verdes y tienen una mayor creatividad en áreas verdes. Esto ocurre porque cuando tocamos un árbol, su patrón energético afecta los procesos biológicos que ocurren en nuestro organismo, haciendo que se alineen, para promover la autosanación.

De niños somos más receptivos al contacto con la tierra y con la naturaleza, ¿acaso no recordáis lo felices que éramos cuando llovía en verano, al salir a jugar bajo la lluvia?, chapoteando descalzos en el barro, sin filtros, ni preocupaciones, sólo disfrutar del momento, del aroma de la tierra mojada, del olor de los pinos o los árboles que teníamos cerca…

Esto no lo digo yo, sino que está demostrado por distintos estudios científicos que han confirmado que al abrazar a un árbol mejora la salud y nos hace más felices, se produce un enlace entre ambas energías o frecuencias vibratorias que beneficia a ambos.

Para los taoístas esto no es un misterio, así como transforman el dióxido de carbono en oxígeno, también son capaces de transformar la energía negativa en positiva.

Los árboles son las plantas de la tierra más grandes y evolucionadas en el plano espiritual y podemos aprende a comunicarnos con esa energía, todo parte de la observación. Como seres vivos que son, no todos tienen el mismo comportamiento, por eso es fundamental aprender a percibir las energías, hay árboles que son más amigables que otros y aquellos que están en lugares públicos son más receptivos con los humanos que los del bosque.

Puede que al principio no notes nada, porque no se trata de ir a abrazar el árbol y ya está, sino de unirse a él, al principio puedes ir, sentarte bajo sus ramas, pegar la espalda a él, o hablarle con tu mente, o tocarlo, te tiene que ir conociendo y tú a él, tienes que hacerte amigo.

Si logras vencer tus prejuicios y te sumerges en tu interior, quizás descubras que es más placentero ir y hablar con un árbol o estar sentado en su compañía, que estar rodeado de gente, sintiéndote sólo.

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