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HISTORIA ANTIGUA DE LA INDIA MUY REAL

Hay una historia muy antigua y muy real de la India sobre la espiritualidad que dice así:

Un día un discípulo fue a ver a un maestro porque se sentía muy mal consigo mismo, y este discípulo le decía al maestro que meditaba muchísimo, que leía muchos textos espirituales, que intentaba siempre estar bien pero que el dolor siempre seguía ahí y era imposible quitárselo, entonces el maestro le ofreció a este discípulo una taza de té y mientras el discípulo hablaba hablaba y hablaba el maestro seguía sirviendo Té sin parar hasta que la taza se llenó y entonces empezó a desbordarse, entonces el discípulo se dio cuenta y le dijo:

«Oye para que la taza ya está llena», y el maestro de repente le miró fijamente le observó y le dijo:

» ¿ Te das cuenta? así estás tú, quieres constantemente siempre algo nuevo y elevado y luminoso pero no has hecho espacio para ello en tu vida y es que no has mirado realmente lo que está dentro de ti».

Esta historia me gusta porque sí que es verdad que hoy en día hay una espiritualidad que se ha puesto muy de moda que hablan constantemente de la luz, de vibrar alto, de pensar en positivo incluso de evadir el dolor, esto puede ser muy bonito e inspirador pero a veces simplifica demasiado lo que significa realmente estar vivo y lo que significa ser humano, y no, no todo el mundo parte del mismo lugar, no todas las personas han habitado la vida desde la seguridad, y aun así es cierto que todos somos responsables de cómo seguimos caminando en el mundo a pesar de lo que hemos vivido en el pasado, el problema aparece cuando se propone ir directamente a la calma sin escuchar primero el cuerpo, cuando hablamos constantemente de soltar sin habernos permitido sentir, cuando se invita constantemente a trascender sin aprender a regular nuestras emociones, y es que lo que no se atiende no desaparece sino que se filtra a través de los vínculos, en las decisiones, en la autoexigencia.

La espiritualidad que realmente transforma no evita lo incomodo, no evita lo humano, no evita el dolor pero tampoco se queda atrapado ahí sino que la verdadera espiritualidad integra la conciencia, integra el cuerpo y la responsabilidad, y por eso la pregunta no sea solo:

¿Que enseña? sino ¿Desde donde se está enseñando la espiritualidad? y ¿ Desde cuánta humanidad y desde cuanta escucha real? porque vaciar la taza no es rendirse sino que es el gesto más honesto de madurez ya que solo entonces lo nuevo puede realmente llegar a nuestras vidas.

LORENA (TERAPIAS VIGO).